Las ciudades ocupan un rol fundamental en la economía circular al concentrar la mayoría de la población mundial en estos centros urbanos. Esto significa que existen grandes cantidades de materiales, residuos y energía producidos y consumidos en las urbes que pueden ser aprovechados aplicando los principios de la economía circular. Sin embargo, la transformación de estos actuales sistemas urbanos ‘lineares’ de producción y consumo basados en el concepto de 'tomar, usar y tirar' requieren un cambio del sistema. Esta transformación del sistema exigirá enfoques más integrales que permitan una transición hacia un modelo de economía circular que fomente la captura de valor de los materiales por el mayor tiempo posible. 

La incorporación de los principios de economía circular a la industria textil ha ganado atención en los últimos años, especialmente desde que se ha demostrado que los residuos pueden ser transformados en recursos para crear productos de valor añadido. Son múltiples las oportunidades que la economía circular puede generar a la industria textil para cerrar los ciclos de materiales en cada punto del proceso, se pueda capturar valor para minimizar impactos negativos y al mismo tiempo, se pueda fidelizar al cliente y aumentar los ingresos a través de la innovación en modelos de negocio. 

La economía circular es una economía que puede recuperar los más de 4000 billones de euros desperdiciados en el actual modelo de producción lineal. Esto genera enormes pérdidas no sólo de carácter económico para los gobiernos y las empresas. Por una parte, los gobiernos deben destinar más recursos para la gestión adecuada de residuos. Por otra parte, las empresas pierden competitividad al no mejorar las eficiencias en sus procesos productivos o cambiar el modelo que poseen por uno que sea regenerativo desde su concepción.

Así cómo la naturaleza aprovecha todos los recursos de su entorno en un ciclo continuo, las empresas podrían aplicar este mismo principio en sus operaciones. Este proceso conocido como simbiosis industrial, es un pilar fundamental de la economía circular, ya que crea un entorno operativo más sostenible para que las empresas compitan en este nuevo sistema económico. Con ello, no sólo se alcanzaría un uso eficiente de los recursos y una mayor productividad, sino que también se lograrían beneficios sociales y ambientales.

No hay duda de que la economía circular proyecta un cambio de paradigma que es ineludible para enfrentar la crisis climática y lograr acelerar la descarbonización de la industria con vistas a un futuro neutral en emisiones de carbono. De esta manera, se ayudaría en gran medida a contrarrestar los efectos de las emisiones de gases de invernadero a escala global y evitar estar por encima de los 1.5 ºC, recomendado por expertos climáticos para evitar una catástrofe.

Del plástico se ha hablado persistentemente durante los últimos años, de hecho, se estima que 13,000 piezas de basura plástica se pueden encontrar en cada kilómetro cuadrado del océano, y la fabricación de cuatro botellas plásticas producen un nivel de emisiones de gases de efecto invernadero equivalente a viajar un poco más de 1 kilómetro en un automóvil de gasolina de tamaño mediano. 

Con el pasar de los meses se escucha con más frecuencia el término economía circular, no sólo como una solución al actual sistema industrial de desperdicio infinito en un planeta de recursos finitos, sino también como un paradigma para alcanzar metas más ambiciosas en beneficio de la sociedad. Por este motivo, se ha vinculado la economía circular como estrategia de mitigación contra la crisis climática, puesto que éste es un sistema regenerativo donde los recursos utilizados se recuperan en ciclos cerrados de valor. 

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