El pasado 2 de mayo del 2019 se celebró la jornada de moda sostenible en el marco de la Semana de la Moda de Gipuzkoa. Dentro de esta semana, que impulsa el desarrollo de la industria de la moda guipuzcoana, la jornada de moda sostenible cada vez está tomando más fuerza, ya que muestra diferentes iniciativas que ya se están desarrollando en este territorio para promover el movimiento Slow Fashion, o moda sostenible.

Existen datos relevantes de la industria textil y, debido a su impacto global, produce repercusiones a través de toda la cadena de valor. Uno de estos datos es el de empleo, ya que crea más de 60 millones de trabajos en todas las fases de la cadena. Además, en los últimos 20 años, las compras de textiles han aumentado 60%. Lo que, sin lugar a dudas, hacen de la industria textil un motor de la economía mundial.

El agua, preciado líquido sin el cual la vida sería inimaginable, ha sido siempre visto como un recurso abundante. Pero no siempre se ha visto de esta manera, tal vez, en momentos de sequía o en algunas actividades industriales se le ha dado el manejo adecuado como un recurso fundamental que debe ser usado eficientemente. No obstante, la creciente demanda por el aumento de la población y otros temas relacionados como el cambio climático, ha puesto en entredicho la disponibilidad de agua potable para llevar a cabo nuestras actividades diarias.

En pocas palabras, la economía circular podría ser resumida como un cambio del modelo económico actual basado en tomar-consumir-desperdiciar hacia un nuevo modelo donde se puedan recuperar los recursos utilizados en ciclos cerrados de valor. Esta definición, aunque se queda corta, en cuanto que no refleja todos los aspectos relacionados con una economía circular, sí define una hoja de ruta que está siendo aplicada en distintos países. Las razones para adaptar la economía circular como estrategia de estado son diversas y pueden ser disímiles, dependiendo de los agentes interesados.

El actual modelo económico en el que vivimos, se ha encargado de promover un consumo excesivo de bienes año tras año. De esta manera, los ciclos de vida de los productos se han reducido cada vez más, lo que ha generado repercusiones medioambientales como la acumulación de residuos y la titánica tarea que conlleva controlar la toxicidad de éstos, generando problemas de gestión y de salud pública.

El actual modelo económico, basado en una estructura lineal de negocio, ha traído consigo el concepto de residuo, aceptado como algo inherente al crecimiento financiero. Sin embargo, la generación de residuos además de representar un problema en la gestión de estos al crear presión sobre los vertederos, también demuestra que el sistema actual es ineficiente. Aceptar los residuos como algo inevitable conlleva tres consecuencias: 1) el residuo contiene aún material valioso que se puede convertir en “alimento” para nuevos procesos, 2) se aumenta la demanda por material virgen y por ello, 3) se acelera el agotamiento de los recursos naturales. Sin lugar a dudas, estos problemas crean ineficiencias en el sistema actual, acarreando complicaciones económicas, sociales y ambientales.

En muchas ocasiones se ha entendido la economía circular como la creación de nuevos productos y servicios con un bajo impacto ambiental, pero en realidad, va mucho más allá. En breve, la economía circular consiste en el cierre del ciclo de vida del producto, para recuperar el máximo valor de los recursos utilizados en su producción, uso y recuperación. Esto quiere decir que, la economía circular se trata de recuperar los recursos utilizados en ciclos cerrados de valor. Pues, en ese sentido, un producto puede ser circular sin necesidad de haber sido creado desde cero, pero en su lugar haber recibido una nueva vida.

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